sábado, 16 de diciembre de 2017

LOS COSECHADORES DE ESTRELLAS (24): FIN DEL SEGUNDO DÍA

Aquella noche se vivió de forma muy diferente por parte de todos los que a la mañana siguiente se jugarían el futuro de Mundo Flik y, con toda probabilidad, el del Universo.
Por un lado estaba Flik, que mantenía su fe inquebrantable en las posibilidades de los chicos, y aludía siempre a la importancia de la intervención de las pequeñas cosas. Según su teoría, cada suceso negativo que acaecía, lejos de considerarse un traspiés, debía de tomarse como una lección. Incluso quitaba hierro a la hipotética destrucción de su mundo. Aseguraba que de suceder, quizás fuese necesario para el correcto funcionamiento del orden natural. Flik decía que había que aceptar el resultado y aprender de los errores, pero nunca dar nada de antemano por perdido.
Por otra parte, los dos hermanos habían encontrado el vínculo que necesitaban en su relación. Comenzaban a ser verdaderos amigos además de hermanos. La hermandad era algo impuesto, pero la amistad crecía con el tiempo y se demostraba sobre todo en los momentos difíciles, aquellos en los que el ánimo flaqueaba y se necesitaba un hombro en el que poder apoyarse.
Mientras tanto, en el oscuro interior de su reino mecánico, Gran Máquina analizaba los sucesos de la jornada. Sabía que había acertado con su reciente creación. Casi todos sus cálculos arrojaban ahora el mismo aplastante resultado. En la mayoría de los escenarios posibles las máquinas ganaban e igualaban otra vez La Prueba. Algo lógico si se tenía en cuenta que eran muy superiores a aquellos seres basados en el carbono. No obstante, todavía albergaba alguna duda, porque a pesar de su manifiesta superioridad, sabía que siempre había un pequeño porcentaje de posibilidades capaz de desbaratar cualquier planificación. Por todo eso, y conociendo lo mucho que estaba en juego, debía de permanecer más atenta que nunca a todo lo que sucedía. Además, ahora había una nueva tarea que ocupaba una importante porción de su tiempo, la de analizar todas las decisiones de Uno. Su creación parecía meditar, inmóvil. Gran Máquina había intentado penetrar en los sistemas de aquel pequeño robot en más de una ocasión, con el propósito de conocer sus argumentos, sus líneas de análisis, pero hasta el momento no había sido capaz de conseguirlo.
Al mismo tiempo, en la Tierra, a los padres de los chicos sólo les quedaba la posibilidad de asistir como espectadores a lo que quiera que le estuviese sucediendo al Sol. Se apagaba. Los datos estaban ahí y eran indiscutibles. Pero, del mismo modo que nadie sabía cómo se había llegado hasta esa situación, o qué la había provocado, tampoco eran capaces de predecir qué pasaría en el futuro. Quizás a las estrellas les ocurriesen cosas como aquella a lo largo de su vida, y nadie los hubiese registrado hasta la fecha. Para los padres de Pablo, lo que le ocurría al Sol era preocupante, pero de ninguna forma les hacía presagiar aquello que su hijo mayor había alcanzado a ver en su sueño. Pablo era el único que conocía el origen de la enfermedad de su estrella. Los demás, incluidos sus padres, tan sólo podían analizar los datos que estaban recibiendo y aguardar acontecimientos.

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