Nuestra visión de uno de los clásicos más espeluznantes:
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sábado, 15 de febrero de 2014
viernes, 6 de diciembre de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
sábado, 27 de octubre de 2012
UN DÍA DE FIESTA
En la feria del pueblo todo huele a
fiesta. Cientos de personas vestidas de domingo se reúnen en el prado de la
iglesia, dispuestas a pasarlo bien. Niños de caras sonrientes corren y gritan
de alegría alrededor de la familia. En el aire hay globos de colores, y olor a
palomitas con mantequilla y algodón de azúcar. Hay un puesto de limonada en el
que se recaudan fondos para una asociación de caridad local. Los hombres hacen
cola para comprar un refresco mientras hablan de la cosecha. En las atracciones
de llamativos colores suena música de circo.
El hombre sin nombre vive de momentos
como esos. Tiene el don de pasar desapercibido. Su rostro es como el de
cualquier otra persona. En el día de fiesta del pequeño pueblo se conocen
todos. Todo el mundo es familia, amigo o vecino de alguien, pero nadie
recordará al que no encajaba. Un momento de descuido, una pequeña distracción,
y el pequeño de tres hermanos
desaparece. Nunca antes había pasado algo así en el pueblo. Los desesperados
padres no han hecho nada que no hubiese hecho cualquier otro padre con tres
hijos. El problema es que hasta entonces no habían tenido que enfrentarse a alguien
como él.
La
furgoneta negra circula por la interestatal a una velocidad que no llama la
atención. El hombre sin nombre está
satisfecho. Cuando vuelva el hambre buscará otro pueblo, otro día de fiesta.
Siempre había niños perdidos con los que saciar su apetito por la carne humana.
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| Ilustración de Sonia del Sol |
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